Otra historia ilógica

Esta historia se me ocurrió en una prueba de admisión de la ASAB, con la siguiente pregunta de uno de los docentes -Cómo haces que una escena tan típica como la visita de las tías, sea surrealista… -La pregunta es más larga, pero de esa partecilla, salió esto:

Un pulpo y mis tías:

Al inicio, todo era paz y armonía en la casa de mi abuela, cuando suena el teléfono, y zaz!!! una voz femenina muy aguda, avisa que irá de visita.

Mi abuela informa a la familia del suceso que se aproxima. La casa como siempre estaba organizada, pero al parecer tenía que estar mejor. Mi abuela empieza a dar ordenes como una loca, a cada miembro de la casa da una escoba, un trapero, un trapito, y una tarea a realizar. Al ver esto, me alejo con cautela y marcho al río a mirar a los peces y a nadar con ellos.

En esa casa se siente la tensión por la visita de mi tía abuela, al parecer es una bruja, tiene nariz grande, y si mal no recuerdo una berruga en la mejilla izquierda, tiene ojos muy grandes de color café, su pelo es castaño oscuro, pues eso dice la caja del tinte que carga en su bolso, además tiene unas uñas muy largas y siempre se apoya en su sombrilla, ah, también usa un gran sombrero; y pues según las historias que me cuenta mi abuelo así son las brujas, curiosamente mi tía se llama igual que las brujas de los cuentos de mi abuelo, Adela.

En fin, cuando me encontraba en el río, vi un animal extraño a la orilla, era algo así como una bolita ovalada con muchas patas que tenían botones, y según mi libro de la escuela, se llama pulpo, no se si es normal encontrar uno en un río, pero no di mucha importancia. En mi bolsillo tenía migas de pan para poder atrapar a los peces, pero se las dí a Jepetto (así nombré al pulpo), saqué la manotada de mis jeans, y este animalito se comió al caracol que tenía en la otra mano, me dí cuenta que no gustaba del pan casero de mi abuela, y que prefería a los moluscos. Me puse a jugar con él, y mientras estábamos en el agua, me tiró un chorro de tinta, le pareció muy gracioso, igual que a mi, prácticamente me empapó en esa baba azul. Olvidé mencionar, Jepetto, es un pulpo gigante, mucho más que yo, creo que es del tamaño de la casa de mi abuela, y sus patas, son como las mangueras para regar los cultivos.

Mientra jugábamos, escuché a mi abuela llamarme, así que corrí a casa, pero no podía dejar a Jepetto solo, entonces, lo llevé conmigo. Al llegar, lo escondí en una de las albercas de las vacas, mientras iba con mi abuela. Apenas mi abuela me ve toda azul, me ordena lavarme, y eso hice, entre tanto, Jepetto se aburría solito. Mientras yo me arreglaba para ver a mi tía, todos en casa preparaban la comida y seguían con el oficio.

Cuando estoy poniéndome los zapatos, escuchó a lo lejos un automóvil destartalado, y un clacson muy chillón. Así que aviso a mi abuela que mi tía llegó. Todos es casa se apuran, se arreglan, y alcanzan a dejar todo en orden, menos mi abuelo, él se esconde en el gallinero, para no ver a mi tía, y mientras se va, me dice que mucha suerte con esa bruja, y se va riendo.

Tocan la puerta, mi abuela abre, y oh sorpresa, mi tía no viene sola, viene con sus hijas y nietas, pero no es todo, además sin previo aviso, también llegan las otras dos hermanas de mi abuela.

Mi tío Agustín muy amablemente acomoda a los recién llegados, en lo que mi abuela entra a la cocina con una expresión de ira y asombro en su rostro, me lleva con ella, para dar los pasabocas, y al darmelos, murmura que menos mal hizo harta comida, pues no contaba con tantos visitantes.

Fui y les di los aperitivos, y cuando cada uno los tomaba, mis mejillas eran víctimas de fuertes pelliscos, y mis pies de fuertes pisotones por parte de mis primas, y ni hablar de mi vestido, fue mordido por el feo perro de mi tía, menos mal odio los vestidos.

Al finalizar la labor que me dio mi abuela huí a buscar a Jepetto, cuando llegué a la alberca, noté que no estaba, y me puse a buscarlo por todo el campo, pero de repente, escucho un grito, y corrí a casa.

Resulta que Jepetto fue a buscarme para jugar, y al parecer se encontró con mis tías y sus familias, de ver a semejantes atrocidades se asustó y las bañó en tinta azul, mi abuelo al igual que yo, llegó a casa a causa del alarido de esa manada de brujas y vio todo el espectáculo, ambos estábamos atacados de la risa, y mi abuela, aunque no quisiera también, todos reímos por el acontecimiento, menos mis tías claro, ellas marcharon furiosas, y dijeron que nunca más volverían.

Mi abuela al notar eso, se llenó de gozo, todos festejamos que nunca más veríamos a esas señoras mal miradas, y todo gracias a Jepetto.

Respecto a él, mi abuelo lo llevó al río y lo dejó en un sitio seguro, donde yo podría visitarlo a menudo, y del cual sacaríamos cuando quisiéramos para espantar visitas no deseadas.

Nunca olvidaré, a tía Adela, toda azul, debo admitir que ese color le sienta de maravilla, y también a su inmundo perro gruñón.

 

Esa fue la historia, ojalá tuviera yo un pulpo colosal para espantar a mis tías en la vida real, pero no, así que debo soportarlas cada vez que vengan…

 

 

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